Sexualidad

Hablemos del deseo sexual

¿Hay algo más frágil que el deseo sexual?

Por algún motivo hay una idea generalizada de que el deseo sexual debe ser constante, inmediato, potente e infinito. 

¡Ay, amiguite! Cuando termines esta nota, sabrás que de esas cosas, ¡el deseo no es ni una!

El deseo son las emociones que nos mueven a buscar experiencias sexuales o mostrarnos receptivos a estas. Pero estas emociones están influenciadas por un montón de factores, entre estos, lo cultural.

¿Qué pasa si somos parte de una religión compleja que ve el placer sexual como un pecado? ¿Cómo será nuestra relación con el deseo, con el placer, con el cuerpo, con el goce de lo erótico?

Lo mismo pasa con el factor emocional. Si sentimos culpa, miedo, estrés, todo eso influye directamente en nuestro deseo; si tomamos algún tipo de medicamento que afecte nuestra líbido, si tenemos una relación rota, trizada o compleja con nuestro cuerpo. ¿Qué pasa si simplemente estamos cansadas o cansados?

¿Ves? Hay muchísimas cosas que afectan el deseo.

Pero, no te preocupes, todo se puede trabajar. Por ejemplo: si llegas a tu casa de la pega, te toco un día de mierda y está tu pareja esperando, y te hace ese “guiño-guiño” especial.

Si recuerdas la ultima vez que vivieron intimidad, ya sea unas caricias, unos besos intensos, sexo, etc., y tu pensamiento es: “qué cosa máh wena”, te van a dar ganas de tener ganas, ¿verdad? Y con creatividad – o una ducha rica -, un masaje, un cuento erótico o lo que te prenda ese deseo, este puede despertar y darte las energías que tenías guardadas.

Si por el contrario, al momento del “guiño-guiño”, piensas en que te puede doler, en “que lata” o que es tu “deber” por estar en pareja, tu cuerpo y mente se van a estresar y cerrar a la posibilidad de goce, ya que sólo ven posible dolor, incomodidad o, de frentón, pena.

Llegar a tener intimidad con un otro, otra, otre u otres, puede ser una instancia de gran goce.

El secreto está en saber que el sexo no es sólo coito; el placer y la intimidad sexual se puede llevar de muchísimas formas, espacios e intensidades. Para eso debes abrir tu imaginación, tu pensamiento erótico, tu relación con tu propio cuerpo, pero por sobre todo, la empatía.

Si tu pareja llega muy muy cansado o cansada al final del día, también debes respetar el que no desee o no sea capaz de llegar al encuentro sexual; el coito es demandante físicamente y a veces el cuerpo pide una tregua. Pero acá entra el cerebro en juego: este es muy poderoso y puede que, aunque estés muy cansado o cansada, puedas leer o escuchar un relato erótico, acompañado de pequeñas caricias. Y si, puedes dormirte en ese transcurso, pero quien no dice que a la mañana siguiente puedas despertar con un cerebro muy excitado y estimulado. Y ya sabes: “guiño-guiño”.

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